La imagen de la Misericordia

Imagen del Sr. de la Divina Misericordia

by juanrivas on July 8, 2011

La situación económica en el mundo esta cada vez más difícil y como muchos hombres ponen toda su atención solo en lo material. Muchos terminan en la desesperación y el suicidio. Esa es una consecuencia de cuando nos olvidamos de la eternidad. Cuando pensamos en la eternidad todo se ve diferente.

Cuando Sor Faustina comenzó a promover la devoción a la Divina Misericordia algunas persona le dijeron que qué tenia eso de original si la devoción a la Divina Misericordia ya existía desde hacia mucho tiempo. Sor Faustina le repite a Jesús lo que le ha dicho la gente y él le responde: ¿ de que sirva que ya exista si nadie la practica? En el diario de Sor Faustina numero 49 escribe:

Deseo que haya una fiesta de la Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la fiesta de la Misericordia (Diario, 49)

Y en otro momento le dice: “Por medio de esta imagen colmaré a las almas de muchas gracias” (Diario 570). La novedad de la devoción a la Divina Misericordia esta en la imagen. Las gracias pues no vienen por la “imagen”.

Es importante que todos sepamos leer la imagen de la Divina Misericordia. Todas las anteriores imágenes del Señor de la Misericordia eran un Cristo crucificado. En cambio la del Señor de la Misericordia es Cristo Resucitado, más aun es Cristo Resucitado al 8vo día porque la fiesta es el segundo domingo de pascua. Es el Cristo del segundo domingo de pascua, es el Cristo del evangelio de Juan.

San Juan en su evangelio del 2º domingo de pascua escribe, “Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos y Tomas (el incrédulo) con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas y dijo: “La paz sea con vosotros”. Luego dijo a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado y no seas incrédulo sino creyente’ Tomás le contestó: “Señor mío y Dios mío”. Dícele Jesús: “Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído” (Jn.20,19-31).

San Juan vuelve a traer el tema de la profecía: “Mirarán al que traspasaron” (Jn. 19,37). Una profecía que se va a cumplir a lo largo de todo el tiempo. Esta profecía la rechazan los evangélicos. Ellos no quieren que veamos a Cristo crucificado ni a Cristo resucitado con sus llagas. Ellos quitan, y prohíben las imágenes. La imágenes son importante porque nos permiten ver y el ver salva. Aquí se ve la gran misericordia de Cristo, él podía haber dejado al discípulo rebelde en la incredulidad por no querer aceptar el testimonio de la Iglesia, de los apóstoles que le dicen: “Hemos visto al Señor”(Jn. 20,25). Sin embargo se deja ver, y lo que ve Tomás es precisamente a Cristo como esta en la imagen bendiciendo y diciendo: “La paz sea con vosotros”(Jn. 20,19) e invitando a Tomas a poner su dedo en la llaga y su mano en el costado.

El ver nos conduce a la salvación. Esto no entiende los evangélicos, y por eso rechazan las imágenes porque ellos prefieren, saber mucha Biblia y creerse entendidos de la escritura. No se dan cuenta de que una vez que rompen con la Iglesia Católica se separan del Espíritu que permite entender las escrituras. Las imágenes católicas están todas respaldadas por las escrituras, nos permiten ver en un instante lo que a otros les lleva muchos estudios comprender. La imagen es un regalo de la misericordia por que una imagen vale por mil palabras, para que nadie se excuse diciendo que no entendía, que no sabia leer, o que no era muy estudiado.

Para san Juan el ver es muy importante “ Y como Moisés elevó la serpiente en el desierto así tiene que ser elevado el hijo del Hombre”(Jn 3,14). “Cuando levantéis (en la cruz) al Hijo del hombre, entonces conoceréis que Soy Yo” (Jn 8,28). “Y yo cuando sea levantado (en la cruz) en la tierra atraeré a todos hacia mi” (Jn 12,32).

Esto es una profecía, increíble porque Jesús se refiere a que va a ser crucificado. San Juan lo decía para significar de que muerte iba a morir Jesus. Es decir iba a morir con una muerte desconocida por los judíos, los judíos apedreaban no crucificaban a nadie.

Como Jesús levantó la serpiente en el desierto…
Para que la levanta? Para que la puso Moisés en una cruz? Para que la vean todos y todos los que veían aquella imagen de la serpiente quedaban sanados. Lo mismo pasa con la imagen de la Misericordia, el tener esa imagen y verla y venerarla nos salva.

Pero el ver nos tiene que llevar a entender el misterio. Por tanto es necesario ver con detalle observar para entender la imagen.

Primero veamos un poco de la historia.

La primera imagen del Señor de la Misericordia fue pintada en Vilna en 1934, por el pintor Eugenio Kazimirowski, según las indicaciones de sor Faustina. Sor Faustina nunca quedo contenta con el trabajo como ella mima lo relata en su Diario: “Una vez cuando estaba en el taller del pintor que pintaba esa imagen, vi que no era tan bella como lo es Jesús. Me afligí mucho por ello, sin embargo, lo oculté profundamente en mi corazón. Cuando salimos del taller del pintor, la Madre Superiora se quedó en la ciudad para solucionar diferentes puntos, y yo volví sola a casa. En seguida, fui a la capilla y lloré muchísimo. Le dije al Señor: ¿quién te pintará tan bello como tu eres? Como respuesta oí estas palabras: “La grandeza de esta imagen no está en la belleza del color, ni del pincel, sino en mi gracia” (Diario 313). Sin embargo hay que recordar que la imagen que se ha hecho famosa en el mundo entero no es esta sino otro pintada más tarde por Adolf Hila en agradecimiento porque su familia se salvó de la muerte en la Segunda Guerra Mundial.

Las gracias pues no vienen por la “imagen”, el mismo Jesús lo dice: “Por medio de esta imagen colmaré a las almas de muchas gracias” (Diario 570).

Que tiene de especial esta imagen?

1. Es Jesús, Jesús resucitado con sus llagas. Es el Jesús que se parece a tomas y que por su infinita misericordia rescata al incrédulo al primer apóstol apóstata.

Es Jesús como lo vio San Juan y como lo vio Santo Tomás: “Tanto amo Dios al mundo que entrego a su unico hijo para que todo el que crea en el no perezca” (Jn 3,16).

Es una imagen en acción, dinámica.

Está bendiciendo: Jesús bendice a todo el mundo. Cuando ésta imagen entra en el hogar empieza a derramar bendiciones sobre el que la tiene. Había una familia que no se acercaba a Dios, los dos eran incrédulos, las cosas de Dios no les interesaban y por más que esta persona les hablaba y decía e invitaba, como si le hablar a la pared. Entonces se le ocurrió regalares la imagen de la Divina Misericordia y como al mes empezaron a cambiar, empezaron acercarse a la Iglesia.
Pero el bendecir nos recuerda aquello que dice san Pedro: “No devolváis mal por mal, ni insulto por insulto; por el contrario bendecid pues habéis sido llamado para heredar una bendición” (1Pe 3,9).

Está caminando. El es el que viene, el que se acerca, el que se compadece de nuestras miserias. Es su acción redentora.
Es como si dijera: mira que te ahorro el buscarme, mira que vengo a ti. Mira que yo soy el buen pastor que te ando buscando, mira que te ahorro trabajos. No huyas de mi, no te escondas.
Jesús caminando nos recuerda su triple venida:
1. La primera en la humildad de la carne Jesús
2. la ultima, cuando vendrá en su gloria a juzgarnos
3. Y la venida intervenida es decir la de la misericordia.
De esta venida intermedia habla cuando dice: “si alguno me abre entraremos en él y en el aremos morada en él” (Jn 14,23).
Pero el caminar también recuerda que nuestra devoción debe ser activa, debo salir debo acercarme a las personas, escucharlas, valorarlas como personas.

Está mostrando la llaga de su costado:

¡El Corazón de Cristo! Su “Sagrado Corazón” ha dado todo a los hombres: la redención, la salvación y la santificación. De ese Corazón rebosante de ternura, Santa Faustina Kowalska vio salir dos haces de luz que iluminaban el mundo. “Los dos rayos -como le dijo el mismo Jesús- representan la sangre y el agua” (Diario, p. 132). La sangre evoca el sacrificio del Gólgota y el misterio de la Eucaristía; el agua, según la rica simbología del evangelista San Juan, alude al bautismo y al don del Espíritu Santo (Jn 3, 5; 4, 14).

A través del misterio de este Corazón herido, no cesa de difundirse también entre los hombres y las mujeres de nuestra época el flujo restaurador del amor misericordioso de Dios. Quien aspira a la felicidad auténtica y duradera, sólo en él puede encontrar su secreto. (JP II 2001)

Esta imagen fue pintada para que podamos cumplir con un mandato: Miraran al que traspasaron! Es decir miraran el amor Infinito, la misericordia infinita de Dios. Y al ver ese amor infinito se convertirán. Como se convirtió el buen ladrón. Como se convirtió el centurión: En verdad este era Hijo de Dios.

Observa como san Juan insiste en que el ver nos salva: “el que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero el sabe que dice verdad”(Jn 19,35) . Este es un triple juramento para que todos sepan que es muy importante, y que de ello depende nuestra salvación.

San Juan no nos cuenta como San Lucas algo que le contaron, sino algo que el vió, él pone por escrito su testimonio y dice la razón de porque lo hizo: Esto se escribió para que creáis y creyendo tengáis vida eterna.

Y cual es esa profecía: “Mirarán al que traspasaron” (Jn 19,37) y mirando encontrarán la salvación porque comprenderán el amor infinito de Dios: “Tanto amo Dios al mundo que entrego a su único Hijo para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16).

Que es lo que tenemos que creer?
Tenemos que creer primero que nada en el testimonio de San Juan, en su Evangelio, que nos habla de la divinidad de Jesús.
Tenemos que creer en el tanto amor de Dios que se revela precisamente en la cruz. Todo el evangelio de san Juan se pude resumir en esas palabras: “tanto amo Dios al mundo que entrego a su Hijo Único para que todo el que crea en el no perezca sino que tenga vida eterna” (Jn3, 16). Ese tanto amor se revela precisamente en la cruz.

Salen dos rayos de luz. Es una imagen luminosa. Bien a rescatarnos de la oscuridad del pecado, viene a iluminar nuestras mentes y corazones.

Tenemos que creer que hay pecado y que el pecado puede ser perdonado.
Es el Espíritu Santo, Consolador y Espíritu de verdad, quien nos conduce por los caminos de la Misericordia divina. Él, convenciendo al mundo “en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio” (Jn 16, 8), al mismo tiempo revela la plenitud de la salvación en Cristo. Este convencer en lo referente al pecado tiene lugar en una doble relación con la cruz de Cristo. Por una parte, el Espíritu Santo nos permite reconocer, mediante la cruz de Cristo, el pecado, todo pecado, en toda la dimensión del mal, que encierra y esconde en sí. Por otra, el Espíritu Santo nos permite ver, siempre mediante la cruz de Cristo, el pecado a la luz del “mysterium pietatis”, es decir, del amor misericordioso e indulgente de Dios (cf. Dominum et vivificantem, 32).
Y así, el “convencer en lo referente al pecado”, se transforma al mismo tiempo en un convencer de que el pecado puede ser perdonado y el hombre puede corresponder de nuevo a la dignidad de hijo predilecto de Dios. En efecto, la cruz “es la inclinación más profunda de la Divinidad hacia el hombre (…). La cruz es como un toque del amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la existencia terrena del hombre” (Dives in misericordia, 8).

Tarea a realizar. Que este mensaje se difunda desde este lugar a toda nuestra amada patria y al mundo. Ojalá se cumpla la firme promesa del Señor Jesús: de aquí debe salir “la chispa que preparará al mundo para su última venida” (cf. Diario, 1732, ed. it., p. 568). Es preciso encender esta chispa de la gracia de Dios. Es preciso transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad. Os encomiendo esta tarea a vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, a la Iglesia que está en Cracovia y en Polonia, y a todos los devotos de la Misericordia divina que vengan de Polonia y del mundo entero. ¡Sed testigos de la misericordia! JP II (17/Ags/ 2002)

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